Hay que caerse, según dicen, para aprender a levantarse, para coger impulso. Y tú también me lo recuerdas, pero tus palabras ejercen más presión que ninguna. Porque sé que mi llanto, también es tu llanto. Para poder alzarme de ahí, de donde había caído sin aparentes razones, te tomo de referencia. Porque tienes todas esas cualidades que en mí parece que flaquean.

Porque tú sí eres valiente. Más valiente que cualquiera. Más valiente de lo que yo pueda imaginarme ser algún día.

Que eres mi incondicional, es un secreto a voces. Eres la madre incondicional, has sido la hija incondicional de esos padres que te necesitaron y sigues siendo la mujer incondicional.

Tienes una paciencia que no conoce límites. Me resulta complicadísimo comprender cómo cuando ni yo misma me aguanto, tú lo sigues haciendo.

Eres la base, cimiento, soporte principal de todos nosotros.

Tienes la sonrisa más bonita del mundo. Llena de bondad, de dulzura y con una increíble capacidad de transmitir paz. Esa calma que yo, más que nadie, reclamo constantemente.

Eres una luchadora incansable, que además de haber luchado por sí misma tanto tiempo, todavía tienes fuerzas para seguir luchando por nosotros.

Son principalmente estos atributos los que yo, en esta etapa, quiero tomar como ejemplo. Estoy convencida  de que probablemente no tan maravillosa como tú, pueda un día lograr hacer de mí alguien especial, pero sobre todo alguien auténtico. Por esa admirable educación que me has dado. Por esos valores que espero que siempre sean el motor de cada una de las cosas que haga. Por esa disciplina nunca autoritaria y llena de amor. Por esa libertad para poder ser siempre yo misma.

Te ruego que me sigas acompañando siempre;  a pesar de mi impulsivo carácter, de mi voz taladradora, a pesar de que te reprenda si no te has maquillado, o de que te vigile para que no pruebes el chocolate. A pesar de mis rabietas infantiles, o de mi abrumadora capacidad de imaginación. A pesar de que un día amanezca con rostro perruno y al siguiente me desgañite al son de una jota navarra. Acompáñame siempre porque te necesito a mi lado. Te necesito como esa amiga siempre fiel, siempre afable, siempre comprensiva y muy divertida. Y te necesito como madre, por esos ojos grandes color miel que miran por las dos cuando yo no veo nada. Por esa mano siempre tendida. Acompáñame porque solamente a tu lado puedo seguir aprendiendo de ti cada día cosas nuevas.  Acompáñame en este nuevo viaje, porque tú me recuerdas cada día que no debo rendirme. Porque esta travesía, como las demás, es menos ardua si tú vienes conmigo. Gracias, gracias, gracias.

Te quiere, tu hija

Érato

dia madre

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