Tengo la firme teoría de que una persona domina un idioma en el momento en el que lo puede emplear de manera pedante. Yo, a mis imberbes dieciocho años y después de quince de práctica, tenía la habilidad de construir unas frases largas y pretenciosas en francés con poco o ningún esfuerzo. Habilidad que, hoy por hoy, ha desaparecido. No en vano, confío en que con un pequeño empujón pueda en poco tiempo recuperar la destreza perdida y por ello mi principal propósito para este verano que ya despunta es retomar el francés. Como ando escasa de tiempo y apuntarme a un curso me apetece lo mismo que lanzarme de una avioneta sin paracaídas, he decidido hacer lo siguiente:

A partir de ahora sólo escucharé a Charles Aznavour, Yves Montand y Edith Piaf. En bucle. Sin descanso.

Cuando me apetezca algo más contemporáneo, a Mélanie Laurent, Zaz o Keren Ann.

Incluiré expresiones francesas en mi vocabulario, haciendo que más de uno me tome por loca (o directamente imbécil), como “je ne vois pas la raison”, “je m’en fous” o “je ne regrette rien”. Todo lo solucionaré con un “ce n’est pas grave”.

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Leeré a Flaubert, recitaré poemas de Rimbaud, Baudelaire y Pierre de Ronsard.

À HÉLÈNE.

 

Quand vous serez bien vieille, au soir à la chandelle,

Assise auprès du feu, dévidant et filanta,

Direz chantant mes vers, en vous émerveillant :

« Ronsard me célébrait du temps que j’étais belle. »

 

5 Lors vous n’aurez servante oyant telle nouvelle,

Déjà sous le labeur à demi sommeillant,

Qui au bruit de Ronsard ne s’aille réveillant,

Bénissant votre nom de louange immortelle.

 

Je serai sous la terre, et fantôme sans os

10 Par les ombres myrteuxa je prendrai mon repos ;

Vous serez au foyer une vieille accroupie,

 

Regrettant mon amour et votre fier dédain.

Vivez, si m’en croyez, n’attendez à demainb :

Cueilllez dès aujourd’hui les roses de la viec.

 

                                                       Pierre de Ronsard. Sonnets pour Hélène, XLII.

También he considerado importante adaptar mi estilo y mi modo de vida a las costumbres francesas. Aunque pueda parecer una medida absurda en lo que respecta a mejorar mi fluidez y mi vocabulario, no tengo duda de que será preciso, pues soy de ese tipo de personas que aprenden mejor a bailar sevillanas yendo con el equipamiento completo: traje, zapatos, mantón, abanico y flor en el pelo.

De tal manera, voy a empezar a copiar el tan envidiado charme français, que básicamente consiste en looks discretos, aparentemente descuidados y muy femeninos. Como modelos a seguir, Clémence Poésy y Nine d’Urso.

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Comeré queso a todas horas.

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Veré la interminable lista de películas de habla francesa que tengo pendientes, entre ellas Cafe de Flore y Amour.

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Engañaré a alguien para que con motivo de mi próximo –muy próximo, ejem- cumpleaños me haga este regalo: Lettres d’un inconnu. El propósito de este regalo es lograr recuperar el arte perdido de la correspondencia, volver a conectar con el placer de recibir una carta por correo. La persona cuya dirección se detalle -ejem-, recibirá dos cartas manuscritas al mes (en francés, claro está) de aspecto cuidado en la que encontrará la historia de un desconocido. Un regalo que a efectos prácticos sirve de poco, pero que se compensa con la ilusión de recibir correo inesperadamente y la lectura del mismo: historias de desconocidos que logren que nos evadamos de nuestro día a día, que nos hagan reflexionar, que nos sorprendan.

 Lettre manuscrite

Compararé a todos los hombres con Guillaume Canet.

kinopoisk.ru

Calíope.

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