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[Teseo e Hipólita se disponen a presenciar una obra de teatro representada por “laborantes atenienses de manos callosas que nunca han trabajado con la mente, mas que ahora fatigan su inexperta memoria.”]

 

HIPÓLITA

No quiero ver agobiada a la humildad,

ni que sufra la lealtad por dar servicio.

 

TESEO

No verás nada de eso, amada mía.

 

HIPÓLITA

Ha dicho que no valen para hacerlo.

 

TESEO

Más bondad mostraremos dando las gracias por nada.

Nos distraerá tomar a bien lo que hacen mal

y, si fracasa la humilde lealtad, lo generoso

es valorar el esfuerzo, no el efecto.

 

Dondequiera que he ido, grandes sabios

me acogían con discursos preparados:

los he visto temblar, palidecer,

detenerse en medio de sus frases,

ahogar de miedo sus palabras ensayadas,

para, al final, quedar sin habla

y no darme la bienvenida. Créeme, mi amor:

escuché su bienvenida en su silencio

y su muestra temblorosa de lealtad

me decía tanto como la fluida palabra

de la elocuencia impertinente y atrevida.

 

El amor y la callada sencillez

si hablan menos dicen más, a mi entender.

 

Sueño de una noche de verano.

William Shakespeare.

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