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Últimamente estoy experimentando una especie de Síndrome de Diógenes de intereses. Una acumulación desordenada de ellos, digamos. Resulta, que ahora que tengo poco tiempo libre para disfrutarlos, me dedico a apuntar en todos lados las ideas y planes que quiero llevar a cabo, lo cual, a nivel material, me está empezando a acarrear problemas importantes. Allá donde miro hay un papel o una lista de libros, películas, series, canciones, sitios que tengo que conocer. En mi cuarto, entre mis bolsos, en el coche, en un bolsillo, en el móvil, en el estuche. Con los libros, en particular, se me empieza a ir el tema de las manos.

Siempre me he considerado ávida lectora, pero últimamente mi ratio libros/mes ha sufrido una caída considerable. Me consuelo pensando en que ello se debe a que nunca había estado tan ocupada y a que, con motivo de mi actividad “profesional”, paso el 90% del día viendo letras negras sobre fondo blanco. Ahora bien, contra todo pronóstico, en lugar de ir abandonando paulatinamente el hábito lector, ello sólo ha conseguido que surja en mí un ansia por leer cuanto antes todos aquellos libros que tengo pendientes. Y, pobre de mí, la lista se acerca al infinito. Les adjunto a continuación una lista de algunas de mis próximas lecturas, muchas de ellas grandes clásicos de la literatura que aún no he leído (no me juzguen), otras de ellas recomendaciones de personas cercanas o que he ido recabando vía blogs/Twitter, e incluso alguna ‘relectura’ con motivo de inminentes estrenos cinematográficos.

Como es evidente, no puedo recomendarles tales lecturas, por muy conocidas que sean, ya que no he leído la mayoría. Sin embargo, más allá de las recomendaciones, suele ser especialmente determinante a la hora de elegir nuestra próxima lectura la primera frase, el primer párrafo del libro que tenemos ante nosotros. Así lo señalaba Manuel de Lorenzo en el artículo que escribió hace unos días para la revista Jot Down (muy recomendable el artículo en particular y la revista en general), afirmando que tras echar un vistazo a la contraportada y leer alguna frase al azar, es la lectura del inicio del libro lo que nos hace formarnos una idea de lo que vendrá a continuación, en definitiva, si merecerá la pena.

Así pues, si en el mentado artículo se plasman algunos de los inicios de las novelas más conocidos, yo les presentaré a continuación los inicios de mis próximas lecturas, con el ánimo de que si, como a mí, les cautivan, pasen a engrosar su personal lista.

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RAYUELA – Julio Cortázar.

“¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la Rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual de nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo del  dentífrico.”

ANNA KARENINA – León Tolstói.

“Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas, lo son cada una a su manera.”

GANGRENA – Mercedes Salisachs.

“No voy a defenderme: soy culpable.”

EL GRAN GATSBY – Scott Fitzgerald.

“En mi primera infancia mi padre me dio un consejo que, desde entonces no ha cesado de darme vueltas en la cabeza. ‘Cada vez que te sientas inclinado a criticar a alguien –me dijo- ten presente que no todo el mundo ha tenido tus ventajas…’ ”

HONRARÁS A TU PADRE – Guy Talese.

“Conscientes de que a veces es posible ver demasiado, la mayor parte de los porteros de Nueva York han desarrollado un extraordinario sentido de visión selectiva: saben qué ver y qué pasar por alto, cuándo ser curiosos y cuándo ser indolentes; suelen estar adentro, distraídos, cuando hay accidentes o discusiones frente a sus edificios; y generalmente en la calle, buscando un taxi, cuando hay ladrones escapando por la entrada del edificio.”

EL DARDO EN LA PALABRA – Fernando Lázaro Carreter.

“Verba volant…, saltan ágilmente de bocas a oídos, cruzan como meteoros ante millones de ojos fundando la vida social, portadoras de sentido, esto es, de información, afecto, verdad o engaño. Y lo normal es que alcancen su objetivo. Incalculable el poder, la eficacia de las palabras.”

GRANDES ESPERANZAS – Charles Dickens.

“Siendo Pirrip el apellido de mi padre, y Phillip mi nombre de pila, mi lengua infantil no alcanzó a hacer de  ambas palabras nada más largo ni más explícito que Pip. Así, yo me llamé a mí mismo Pip, y por Pip vine a ser conocido de los demás.”

 

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Podría continuar, pero no quiero que la lista resulte abrumadora y la pasen por alto. Quedan también pendientes KAFKA EN LA ORILLA, de Haruki Murakami, HAMBRE, de Knut Hamsun, EL CHICO, de Steve Hamilton, y un largo etcétera.

Espero haberles dado alguna idea, si estaban faltos de lecturas, y, como curiosidad y especialmente para fans acérrimos de la serie “Las chicas Gilmore”, si alguna vez se quedan sin inspiración lectora, siempre podrán consultar esta página, que recoge todos los libros que leyó su insaciable protagonista a lo largo de sus siete temporadas.

 

C.

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