Este año he sido francamente buena. Puede sonar un poco soberbio, dicho así tan directamente, pero nunca me han gustado las medias tintas y de verdad que lo he sido. Si el número de regalos que voy a recibir fuera proporcional a mi buen comportamiento, tendría que ir pensando en alquilar una nave industrial para poder albergarlos.

Ahora bien, entiendo que tal y como está el panorama la bondad se ha devaluado bastante y hacer alarde de ella a través de infinitos regalos pueda resultar incluso de mal gusto.

Es por ello que he decidido que este año voy a pediros suerte, ocasión y oportunidad. Oportunidad para que en el año venidero -o años, tampoco soy especialmente quisquillosa en cuanto al plazo- pueda llevar a cabo las siguientes empresas:

  • Conseguir el armario ‘diurno’ de Alexa Chung y Caroline Sieber y el armario ‘nocturno’ de Diane Kruger y Olivia Palermo. En realidad, con las prendas me vale, de la infraestructura para su almacenamiento y de los eventos para lucirlas ya me encargo yo.

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  • Dirigir el Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena. Ahora que lo pienso, me convertiría en la primera mujer en dirigirlo. No se trata de romper moldes ni nada por el estilo. Puro egoísmo, es de lo que se trata. Quiero sentir los nervios mientras se va acabando El Danubio Azul y dirigir a público y orquesta en la Marcha Radetzky dejándome la piel.

 

  • Ver a Osasuna jugar la final de la Champions. Doy por hecho que no la ganaremos, por todos es sabido que somos un equipo sufridor. Además, tampoco quiero abusar de vuestra generosidad, con poder estar en el campo y vivir la final me doy por satisfecha.

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  • Sustituir a la voz femenina del grupo The Head and The Heart. Se me ocurren millones de grupos con los que me gustaría ir de gira, charlar o hacer alguna colaboración. Pero mi talento, aunque prometedor, no deja de ser bastante limitado, así que he de conformarme con una presencia discreta en un grupo de varias voces. Si los he elegido a ellos es porque su estilo musical me encanta; no son los más originales del planeta, pero tienen esa frescura propia de los grupos que están despegando. Y, sobre todo, porque parecen una familia y se lo pasan bien. A la vista está.

 

  • Actuar en el teatro de Epidauro (Grecia). Vale, con esto igual me he pasado de pedante, pero estuve allí hace unos años y por escasos minutos llegamos una vez ya había cerrado. Debe ser un lugar impresionante, perfectamente conservado -data del siglo IV a.C.-, con una acústica brutal. Es modelo y símbolo del teatro griego antiguo y aún se hacen en él representaciones cada verano.

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  • Escribir así.

 

“Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores

blanquísimos donde se juegan las fuentes de la luz,

te discuto a cada nombre, te arranco con delicadeza de cicatriz,

voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago

y cintas que dormían en la lluvia.

No quiero que tengas una forma, que seas

precisamente lo que viene detrás de tu mano,

porque el agua, considera el agua, y los leones

cuando se disuelven en el azúcar de la fábula,

y los gestos, esa arquitectura de la nada,

encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.

Todo mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,

pronto a borrarte, así no eres, ni tampoco

con ese pelo lacio, esa sonrisa.

Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino

es también la luna y el espejo,

busco esa línea que hace temblar a un hombre

en una galería de museo.

Además te quiero, y hace tiempo y frío.”

 

···

 

     “Yo no sé, mirá, es terrible cómo llueve. Llueve todo el tiempo, afuera tupido y gris, aquí contra el balcón con goterones cuajados y duros, que hacen plaf y se aplastan como bofetadas uno detrás de otro qué hastío. Ahora aparece una gotita en lo alto del marco de la ventana, se queda temblequeando contra el cielo que la triza en mil brillos apagados, va creciendo y se tambalea, ya va a caer y no se cae, todavía no se cae. Está prendida con todas las uñas, no quiere caerse y se la ve que se agarra con los dientes mientras le crece la barriga, ya es una gotaza que cuelga majestuosa y de pronto zup ahí va, plaf, deshecha, nada, una viscosidad en el mármol. Pero las hay que se suicidan y se entregan en seguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran, me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.”

Julio Cortázar.

 

 

 

(P.D. Si encontráis por ahí una carta, de éstas tan monas que han hecho en Mr.Wonderful pidiendo un par de botas y unos cuantos libros, haced caso omiso por favor. Ésta es la importante.)

 

C.

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