No sé si la felicidad está sobrevalorada, si alguna vez será absoluta y permanente, si se parece a eso que nos prometía Walt Disney o si tiene más de satisfacción, de paz interior o de mera alegría. Lo que sí sé es que, por mucho que las cosas no vayan como esperamos o nos sintamos desgraciados, siempre habrá pequeñas cosas que nos devuelvan la sonrisa. Tonterías, minucias, insignificancias. Que a veces se nos olvidan, que no les damos el valor suficiente o que se lo damos demasiado, pero, en cualquier caso, cosas que durante unos minutos nos hacen sentir algo más felices.

Prometo leer esta lista cada vez que, como decía una sabía Holly Golightly, tenga un día rojo, con el fin de recordar todas esas nimiedades, en su mayoría insustanciales, que hacen mi día a día un poco más llevadero. Las hay muy personales y otras muy generales, que espero también les ayuden a superar sus propios días rojos.

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Acostarte sabiendo que mañana no te levantará el despertador. Preparar una sorpresa. Cantar en el coche a pleno pulmón. Encontrar un chollo. Que no haya cola en el supermercado. Los días de sol. Quitarte los tacones después de una fiesta. Desayunar tortitas.

Encontrar dinero en un bolso/pantalón que hace mucho que no usas. Que te sonría un desconocido. Cantar un gol. Planear durante horas algo que sabemos con certeza que nunca vamos a llevar a cabo.  Abrir un regalo. Los temas de 11 páginas. Descubrir una canción y escucharla compulsivamente durante días.

El olor de la ropa recién lavada. Hablar con un amigo después de mucho tiempo y sentir que hay cosas que nunca cambiarán. Conducir sin tráfico. Cocinar para alguien especial. El primer sueldo. Ver a alguien con tu mismo vestido y pensar que a ti te queda infinitamente mejor (o si es una supermodelo, que desde luego tú lo llevas con muchísimo más estilo). Devorar un libro.

Comentar el final de una serie (o cada capítulo). Levantar la persiana y ver todo nevado. Gastar una broma telefónica. Que un profesor que te dio clase cuando eras pequeño se acuerde de ti. Un nuevo post de “El Guardián”. Las noches que no se planean. El olor a lluvia. Aparcar a la perfección en un sitio muy pequeño.

Estrenar algo de ropa o un pintalabios. Que la batería del móvil aguante hasta llegar a casa. Los apodos. Darte cuenta de que tu hermano pequeño hace algo mejor que tú. Comprar castañas una tarde de invierno. Recordar las anécdotas de un viaje. Volver a dormir en tu cama después de una temporada fuera de casa.

 Sleeping in.

Encender la radio y que esté sonando una canción que te encanta (difícil, pero no imposible). Descubrir gustos en común. Despertarte de madrugada y ver que aún te quedan un par de horas para dormir. Escuchar villancicos. Que unos pantalones de la temporada pasada te queden grandes. Tener la tranquilidad de vivir  con alguien a quien no le asuste matar arañas.

Calíope.

 

(Especialmente dedicado a mis compañeras de O., que, pese a las dificultades, siempre saben ver las cosas bonitas de la vida.)

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