“Esto promete. Lo nuevo de Aaron Sorkin

Les confesaré que a pesar de ver series muy por encima de mis posibilidades (me encanta esta expresión) aún me queda mucho camino por recorrer. Entre otras muchas, no he visto El ala oeste de la casa blanca  The West Wing para los más pedantes-. Mis conocimientos sobre Aaron Sorkin, creador de la mentada serie, además de ganador de un Oscar por el guión de “La red social”, eran bastante limitados cuando leí que a Carlos Alsina se le ponían los dientes largos ante la perspectiva de la última de sus creaciones: The Newsroom. Así que, movida por esa fuerza irresistible que se apodera de mí cada vez que descubro una serie que me llama la atención, me lancé a ver el piloto desprovista de prejuicios o especiales expectativas.

Ahora sé que debí de ser la única de todo el planeta. Porque había una muchedumbre esperando al señor Sorkin bolígrafo en mano, dispuesta a hacer sangre con una crítica ferozmente detallada o a ensalzar su obra llegando a unos extremos que habrían hecho enrojecer a más de uno. Estos últimos eran una minoría.

The Newsroom, que se estrenó en Estados Unidos el pasado junio y ha aterriza en la parrilla española hace apenas una semana gracias a Canal +,  muestra el funcionamiento de un programa de informativos de la cadena ficticia ACN. Will McAvoy (Jeff Daniels) es el presentador estrella, a la par temido y admirado, que destaca por su imparcialidad y correción a la hora de presentar las noticias. Hasta que ocurre esto:

Este incidente supone un punto de inflexión, que se verá magnificado con la llegada a la cadena de la nueva productora y ex de Will, Mackenzie MacHale (Emily Mortimer). Juntos, bajo la supervisión de Charlie Skinner (Sam Waterston) y con la ayuda de Jim (John Gallagher), Maggie (Allison Pill), Don (Thomas Sadoski), Neal (Dev Patel) y Sloan (Olivia Munn) darán una vuelta de tuerca a los informativos tal y como se conocen hasta el momento para crear un programa, “News Night 2.0”, en el que se intenta evitar la dependencia de las audiencias y las imposiciones de los tiburones de la industria en aras de la coherencia, la exactitud y la veracidad; en definitiva, tratar al espectador de manera inteligente ofreciéndole toda la información de manera contrastada y rigurosa, haciendo un periodismo crítico.  La trama transcurre en 2010-2011 y cada capítulo trata acontecimientos verídicos tales como  la promulgación de la ley de inmigración de Arizona, el derrame de petróleo de Deepwater Horizon o la muerte de Osama Bin Laden. Aquí es donde empiezan los problemas para Sorkin.

En primer lugar, porque muestra cómo debieron haberse contado correctamente en su día todos estos episodios, lo que ha conllevado una marea de críticas aludiendo al tono sermoneador de la serie, el dar lecciones de periodismo en cada capítulo. En segundo lugar, porque, además del feroz rapapolvo al periodismo mediocre y populista, presenta en más de una ocasión un claro blanco de sus ataques: el Tea Party,  movimiento político estadounidense que representa la versión más “escorada” a la derecha del partido republicano. Es por ello que muchos se han visto ofendidos por un posicionamiento político tan voraz que se ha llegado a contemplar como maniobra de influencia de cara a las próximas elecciones en EEUU.  Tampoco ha gustado el tono prepotente que envuelve al guión, los diálogos rápidos y complicados, discursos que se sueltan del tirón, el escaso realismo con el que verdaderamente un programa de informativos se enfrentaría a este tipo de sucesos, lo estridente de algunos personajes o las idas y venidas en las relaciones personales de los mismos. Los medios norteamericanos han sido sentenciosos: el Washington Post,  afirma que “está repleta de un incesante parloteo”, la revista Time, la señala como “intelectualmente autosuficiente”, The New Yorker emplea calificativos como “gritona”, “santurrona” o “pésima” y la acusa de “tratar a la audiencia como si fuera profundamente estúpida”.

No comparto esa opinión.

Es cierto que The Newsroom flaquea en varios puntos y que por ello no pasará a la historia como una genialidad, pero no por ello deja de ser un buen producto. Peca de un posicionamiento político excesivo y de cierta irregularidad en su desarrollo combinando capítulos apasionantes con otros más anodinos, pero, a mi parecer, merece la pena ser vista. El propio Sorkin señaló ante quienes tachaban su obra de poco realista, que tampoco su instituto era como el de Glee, remarcando reiteradamente que la única intención que perseguía era la de entretener al público. Aunque puede que esto último no sea del todo cierto, es esa la perspectiva desde la que hay que enfrentarse a esta serie.

Hay que impregnarse del idealismo de sus personajes, de su motivación por hacer las cosas de manera correcta, de la defensa de un periodismo crítico que esté a la altura de las circunstancias. Sorkin manifiesta continuamente las debilidades de sus personajes, los cuales tropiezan continuamente con la misma piedra, contraponiendo su torpeza sentimental y personal con su magnitud profesional y su dedicación. Vale, sí, nadie habla como en sus diálogos, ni suelta vehementes alegatos del tirón sin titubeos, ni tiene semejantes enfrentamientos verbales día a día delante de toda la oficina, ni monta numeritos de semejante calibre. Tampoco los hay tan apasionados, estridentes, intensos e incluso histriónicos como muchos de sus personajes. O quizás sí. Quizás deberíamos elevar el nivel de nuestro discurso y actuar con la misma pasión para defender nuestros ideales.

Vean y juzguen ustedes mismos, en cualquier caso, no les dejará indiferentes.

Queda visto para sentencia.

Calíope.

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