Porque no te gustan los helados de vainilla.
Porque mides más que yo.
Porque sólo te gusta una de cada cien canciones de mis discos.
Porque desde hace una temporada ya no me dejas en la ducha mensajes con los mejores éxitos de ayer y de hoy (más de ayer que de hoy, francamente).
Porque siempre que empiezo una dieta te entra una epilepsia repostera y en una tarde haces tres tartas.
Porque has visto “El padre de la novia” fácil ochenta veces.
Porque estás obsesionada con los sandwiches de pavo y mayonesa.
Porque podrías pasarte un día entero durmiendo.
Porque no sabes hacer nada sola y cuando lo intentas la pifias y tengo que salir al rescate.
Porque se te dan bien los deportes.
Porque no te gusta la Coca-Cola.
Porque eres más de Ross que de Chandler, aunque te cueste admitirlo.
Porque quieres poner un candado en tu armario, y eso ya me parece el colmo del egoísmo.
Porque eres capaz de reproducir diálogos de película a la perfección.
Porque andas a la velocidad del rayo y no hay quien te siga.
Porque no sabes los nombres de las verduras.
Porque eres tanoréxica.
Porque no tienes la mínima intención de sacarte el carnet de conducir. Para qué lo necesitas, si ya tienes chófer.
Porque desde que te despides hasta que sales de la habitación pasan horas, los marcos de las puertas y tú tenéis una atracción brutal.

No me caes bien, porque es tu cumpleaños y no estás conmigo. Y me has dejado aquí sola.

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