Si siguen las noticias con asiduidad seguramente recuerden que hace poco más de una semana, la canciller alemana Angela Merkel invitó a Mariano Rajoy a dar una paseo en barco por las aguas del río Chicago, para “comentar la crisis de la zona euro”, previamente a la cumbre de la OTAN a la que ambos asistirían, que tuvo lugar en la ciudad del mismo nombre.

Sin entrar a valorar lo grotesco de la situación (que tiene su gracia, oigan, imaginarse a Merkel y Rajoy comentando los ajustes del déficit público -intérpretes mediante-  mientras el guía de turno les explica las maravillas arquitectónicas de la ciudad), ni lo improcedente de desembolsar cerca de 1.300 euros para el alquiler de la embarcación, he de decir que nada más leer la noticia me vino a la mente un libro que me recomendaron hará un par de años; Mil millones de mejillones, de Fernando Trías de Bes. Enseguida verán la conexión.

 

Carles, camarero catalán, consigue un trabajo  temporal en un crucero de lujo. Se embarca sin apenas conocer los pormenores del empleo; motivos de seguridad nacional, le dicen. Una vez a bordo descubre que el fin del viaje es celebrar el matrimonio de Berlusconi con una modelo en aguas internacionales, ante la presencia de importantes figuras del panorama nacional e internacional: Zapatero, Obama, Ángela Merkel, Fernando Alonso, Emilio Botín, Carme Chacón, Flavio Briatore, Carla Bruni, Ibarretxe, y Florentino Pérez, entre muchos otros.

Sin embargo, antes de celebrarse el enlace, el barco naufraga y los distintos personajes llegan a una isla desierta, donde se verán obligados a ponerse de acuerdo para sobrevivir.

A partir de ahí, Trías de Bes hace un repaso de los diferentes pasos que ha ido dando la economía a lo largo de la historia, haciendo referencia a importantes economistas y sometiendo a los políticos más relevantes del panorama internacional al peso de sus propias decisiones. Así, pasan por el trueque de alimentos, la adopción de una moneda (el mejillón, de ahí el título), la creación de la banca, el drama de la inflación, o los problemas del comercio internacional.

El libro, redactado en forma de diario, está escrito en términos sencillos, con el objetivo de hacer accesible al gran público los más básicos entresijos de la economía. Eso sí, todo desde un punto de vista mordaz, que les hará soltar más de una carcajada; hay pasajes desternillantes.

Se lee de un tirón, en una tarde, y les dejará un buen sabor de boca, haciéndoles olvidar las desgracias político-económicas que nos acompañan.

Aunque varios de los personajes no se encuentren a día de hoy en primera línea (el libro fue publicado en 2010), la sutil crítica de la clase política así como los distintos episodios narrados trascienden de los mismos, tratando temas de incandescente actualidad como la burbuja económica, los excesos del capitalismo, la corrupción, la falta de profesionalidad de ciertos políticos, la problemática de la inmigración, los nacionalismos, etc.

Gran parte del encanto de Mil millones de mejillones reside en los dibujos realizados por Toni Batllori (dibujante de La Vanguardia y El Jueves) que acompañan al texto durante toda su extensión. Para dar sensación de realismo y lograr cierta imprecisión en los trazos, Batllori tuvo que dibujar directamente en tinta, sin bocetos.

Se desprende del prólogo que ambos disfrutaron enormemente en la realización del libro y como dice el propio Trías de Bes, la diversión del autor suele trasladarse al lector y, en definitiva, eso es lo único que importa.

Queda visto para sentencia.

 

Calíope.

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