Me resulta muy difícil dar con una serie que me sorprenda. No me malinterpreten, soy “seriéfila” y considero que vivimos un momento de esplendor, con series de calidad que perdurarán en la memoria y que han llegado a destronar a la gran pantalla en más de una ocasión. Aún así, es complicado encontrar una serie con personalidad, que rompa las normas no escritas de la producción televisiva y que pese a ello mantenga un alto nivel.

Pero yo la he encontrado. La descubrí hace un par de años y se ha colado entre mis favoritas. In Treatment (“En terapia”) no es una serie al uso, es teatro llevado a la televisión.

 In Treatment , que fue estrenada en enero de 2008 por la cadena estadounidense HBO, es un remake de una serie israelita (Be Tipul) que muestra en cada episodio una sesión de terapia entre Paul Weston (interpretado por Gabriel Byrne, ganador de un Golden Globe por tal rol) y los cuatro pacientes que conforman cada temporada. Los episodios se organizan por días de la semana, en cada uno de los cuales se nos presenta a un personaje. En la primera temporada:

Los lunes es el turno de Laura (Melissa George), joven anestesista en conflicto con sus relaciones amorosas, eróticamente obsesionada con Paul.

Los martes, de Alex (Blair Underwood), oficial de la marina que acaba de volver de Irak donde, por error, mató a 16 niños en una misión.

Los miércoles, Sophie (Mia Wasikowska). Gimnasta olímpica adolescente en crisis familiar y con tendencia autodestructiva.

Los jueves Jack y Amy (Josh Charles y Embeth Davidtz), matrimonio que hace aguas ante la indecisión de continuar o interrumpir el embarazo de Amy.

Y los viernes, es Paul quien visita a su mentora y psicóloga Gina (Diane Wiest)

El principal atractivo de esta serie es la soberbia interpretación de sus actores y su guión. Hacen posible que – pese a que los 25 minutos de cada capítulo estén rodados en la misma habitación, apenas haya escenas de exteriores, ni grupales o colectivas, tampoco escenas de acción al uso, ni fogosos encuentros a los que el panorama televisivo actual nos tiene acostumbrados- no nos despeguemos ni un minuto de la pantalla.

Esta puesta en escena, sin artificio alguno, logra un nivel de intimidad entre el espectador y los personajes abrumador. Los episodios apenas cuentan con música, y aun así consiguen una intensidad espeluznante gracias a las batallas verbales entre Paul y sus pacientes.

Desgraciadamente, sólo cuenta con tres temporadas, ya que en marzo de 2011 la serie fue cancelada. Mas no pierdan la esperanza, HBO comunicó en su día que si bien no tenían intenciones de emitir una cuarta temporada, estaban “estudiando la posibilidad de seguir contando estas historias”.

Atención: no se empachen y en una tarde vean 8 capítulos seguidos, porque se cansarán. Es una serie para ver diariamente (HBO la emitió inicialmente a razón de capítulo/día, de lunes a viernes), poco a poco, pero sin dejar que pasar grandes lapsos de tiempo entre episodios o no podrán ponerse en situación y perderán los detalles y la profundidad de la trama.

Inigualable el derroche de calidad y talento de esta producción, no pueden dejarla pasar de largo. Es una delicia.

Queda visto para sentencia.

Calíope.

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