“ El buen gusto estropea ciertos valores espirituales auténticos: como el propio gusto.” Coco Chanel

Como pueden presagiar hoy voy a hablar de moda. Pero no lo haré sobre tendencias. Hoy quiero hablar de la gran conexión entre moda, gusto, y personalidad. Conceptos que nunca deberían desligarse.

Aplaudo  a todo aquel que se disfraza cada día de él mismo. Aquel que se siente cómodo y sólo seguro de sí  ya sea sobre unos tacones, enfundado en una chupa de cuero, o vistiendo siempre de un mismo color.

Estoy segura que en más de una ocasión, todas nos hemos puesto emperifolladas hasta los hígados y al regresar a casa nos hemos echado las manos a la cabeza mirando el armario y diciendo “por el amor de Dios, con lo bien que estoy yo con esos vaqueros”.

Puede parecer una absoluta estupidez abordar este tema pero no lo es tanto cuando ese disfraz extraño nos empaña la personalidad. Un mínimo complejo, un solo titubeo, puede llegar a aminorarnos enormemente como individuos.

Así,  la moda está lo queramos o no presente en todo momento, porque no hay nada más soberbio que actuar con firmeza y decisión en cada cosa que uno hace, siendo nosotros mismos y vistiendo como tales.

Mentiría cruelmente si afirmase que no sigo las tendencias, ni estoy al tanto de las últimas colecciones que presentan en las tiendas, pero ello no implica sumisión. Lo que quiero decir es que si este año se lleva el look años 60 y todos nos disfrazamos de los protagonistas del musical “Grease” y al año siguiente inundan las pasarelas looks ochenteros y parecemos todos primos hermanos de Tina Turner en sus mejores tiempos, llegará un momento que ni sabremos ni sabrán quienes somos realmente.

 Defiendo con determinación que nadie debe desnaturalizarnos, que debemos ser libres para elegir qué seleccionar de cada temporada y hacerlo nuestro, para que siga recreándome, maravillada, cómo una misma prenda cobra un sentido u otro según quien la lleve puesta.  Para que pueda seguir describiendo a una persona de la misma manera, pase el tiempo que pase, o por mucho que la moda cambie.

Debemos custodiar y mantener en plenas facultades la esencia de ese gusto particular  que engendramos desde la infancia, defendiendo quiénes somos y qué es lo que nos gusta; porque tendrá tal repercusión que se convertirá algún día en nuestra carta de presentación; en la imagen que proyectaremos ante el mundo; ante los desconocidos;  en la apariencia que quienes nos conocen  representarán mentalmente cada vez que hablen o piensen en nosotros, y en el recuerdo que quede en la memoria de quienes no vuelvan a vernos más….. Queda visto para sentencia.

Érato

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