“Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos inquietos e insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría. Igual que escribir, leer es protestar contra las insuficiencias de la vida. Quien busca en la ficción lo que no tiene, dice, sin necesidad de decirlo, ni siquiera saberlo, que la vida tal como es no nos basta para colmar nuestra sed de absoluto, fundamento de la condición humana, y que debería ser mejor. Inventamos las ficciones para poder vivir de alguna manera las muchas vidas que quisiéramos tener cuando apenas disponemos de una sola.
(···)
La buena literatura tiende puentes entre gentes distintas y, haciéndonos gozar, sufrir o sorprendernos, nos une por debajo de las lenguas, creencias, usos, costumbres y prejuicios que nos separan. Cuando la gran ballena blanca sepulta al capitán Ahab en el mar, se encoge el corazón de los lectores idénticamente en Tokio, Lima o Tombuctú. Cuando Emma Bovary se traga el arsénico, Anna Karenina se arroja al tren y Julián Sorel sube al patíbulo, y cuando, en El Sur, el urbano doctor Juan Dahlmann sale de aquella pulpería de la pampa a enfrentarse al cuchillo de un matón, o advertimos que todos los pobladores de Comala, el pueblo de Pedro Páramo, están muertos, el estremecimiento es semejante en el lector que adora a Buda, Confucio, Cristo, Alá o es un agnóstico, vista saco y corbata, chilaba, kimono o bombachas. La literatura crea una fraternidad dentro de la diversidad humana y eclipsa las fronteras que erigen entre hombres y mujeres la ignorancia, las ideologías, las religiones, los idiomas y la estupidez.
(···)
La literatura es una representación falaz de la vida que, sin embargo, nos ayuda a entenderla mejor, a orientarnos por el laberinto en el que nacimos, transcurrimos y morimos. Ella nos desagravia de los reveses y frustraciones que nos inflige la vida verdadera y gracias a ella desciframos, al menos parcialmente, el jeroglífico que suele ser la existencia para la gran mayoría de los seres humanos, principalmente aquellos que alentamos más dudas que certezas, y confesamos nuestra perplejidad ante temas como la trascendencia, el destino individual y colectivo, el alma, el sentido o el sinsentido de la historia, el más acá y el más allá del conocimiento racional.
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Nada ha sembrado tanto la inquietud, removido tanto la imaginación y los deseos, como esa vida de mentiras que añadimos a la que tenemos gracias a la literatura para protagonizar las grandes aventuras, las grandes pasiones, que la vida verdadera nunca nos dará. Las mentiras de la literatura se vuelven verdades a través de nosotros, los lectores transformados, contaminados de anhelos y, por culpa de la ficción, en permanente entredicho con la mediocre realidad. Hechicería que, al ilusionarnos con tener lo que no tenemos, ser lo que no somos, acceder a esa imposible existencia donde, como dioses paganos, nos sentimos terrenales y eternos a la vez, la literatura introduce en nuestros espíritus la inconformidad y la rebeldía, que están detrás de todas las hazañas que han contribuido a disminuir la violencia en las relaciones humanas. A disminuir la violencia, no a acabar con ella. Porque la nuestra será siempre, por fortuna, una historia inconclusa. Por eso tenemos que seguir soñando, leyendo y escribiendo, la más eficaz manera que hayamos encontrado de aliviar nuestra condición perecedera, de derrotar a la carcoma del tiempo y de convertir en posible lo imposible.”
Elogio de la lectura y la ficción, Mario Vargas Llosa.
Extracto del discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura.
Estocolmo, 7 de diciembre de 2010.
(El discurso completo aquí. Mi parte preferida, la que dedica a su mujer: El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia. Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: “Mario, para lo único que tú sirves es para escribir”.)
Calíope.
Desde que tengo uso de razón siento una enigmática pasión por las bodas. La única razón que encuentro a mi casi obsesiva fascinación por las mismas es que, romántica empedernida, soñadora infatigable y amante de la moda y de la perfección, halle en esta celebración una fusión perfecta. Una mezcla que no es sino el complemento, el adorno, de un proyecto de vida en común, una travesía por la vida entre dos personas que se aman.
En esta sección que hoy comienzo, simplemente quiero plasmar cada imagen, detalle, idea inspiradora de ese día tan importante para quienes deciden unir sus vidas eternamente.
Que nada ensombrezca a los verdaderos protagonistas
Un anillo de pedida
Un vestido
Una imagen
Una invitada perfecta
Damas de honor de excepción
Un abrazo
Un lugar de celebración
Un detalle
Un viaje juntos, para siempre
Érato
Una tarea………………………………………………………………………………Reordenar mi biblioteca.
Una canción…………………………..Dancing in the dark (versión de Eddie Berman y Laura Marling).
Un DIY…………………………………………………………………………………………….Corona de flores.
Una serie…………………………………………………………………………………………House of Cards.
Un propósito………………………………………………………………………….Cambiar el café por el té.
Un libro…………………………………………………………………….Antología poética de Emily Dickinson.
Una compra online…………………………………………………………………..….Bikini de Amourouse.
Una película…………………………………………………………………………Searching for Sugar Man.
Una receta………………………………………………..Tarta de mascarpone y limón cubierta de fresas.
Un plan
Calíope.
“Amor platónico: Tipo de amor que se expresa de una forma intelectual y no física. Idealización del amor que centra sus valores en la lejanía de un carácter material −terrenal o mundano−. Amor inalcanzable, cuyo objeto no se puede materializar.”
Existe un tipo de músicos con los que cada vez que suena una de sus canciones te da un vuelco el corazón como cuando empiezas una relación con una persona y te das cuenta de que te está llamando por teléfono. Te embarga esa emoción y esos nervios, el saber que has descubierto algo genial y que nadie te lo va a poder arrebatar. Un tipo de músicos cuyas canciones no vinculamos a un recuerdo, a una persona o a un momento determinado. Músicos que trascienden de tu estado de ánimo. Que puedes escuchar en todo tipo de circunstancias y cuya voz te transporta a otro mundo. A los que les perdonas todo. Músicos que dentro de 20 años te seguirán emocionando de la misma manera que ahora.
Amores platónicos musicales.
Si mis obsesiones con canciones o grupos son constantes, no menos frecuentes son estos enamoramientos platónicos que siempre llegan por sorpresa y se aferran a mí de manera que me es imposible dejarlos ir. Engrosan mi lista Glen Hansard, Johny Cash, Van Morrison o Ray LaMontagne, entre otros.
Y él. The Tallest Man on Earth.
“So now he’s buried by the daisies,
so I could stay the tallest man in your eyes, babe.”
Todos mis amores platónicos musicales tienen en común aquello que precisamente les identifica, una voz particular. En el caso de The Tallest Man on Earth, es la voz unida a una guitarra su seña de identidad. No sólo porque domina el instrumento de manera envidiable sino porque parece que va indisolublemente unida a su voz. Él mismo ha afirmado en más de una ocasión que raramente graba las pistas de voz y las de guitarra por separado y el resultado es una simbiosis perfecta.
Leía en una reseña sobre uno de sus conciertos que The Tallest Man on Earth es el hombre de las mentiras. Por aquello de que al escucharle por primera vez, desprovisto de información, uno se lo imagina, alto y resuelto, en una zona rural de la América profunda. Curiosamente, nada de ello es cierto.
Kristian Matsson, de nombre artístico The Tallest Man on Earth, es un joven sueco de aspecto tímido que, con sus 1,80 metros de altura difícilmente pasa por el hombre mas alto del mundo. Ahora bien, cuando coge la guitarra y se enfrenta al público, se crece. Su voz y su forma de tocar tienen tanto carisma que sobrepasa cualquier apariencia de debilidad. Es contundente en su actuación, desgarradoramente potente en su fragilidad. Yo ya había caído por completo en sus redes cuando me enteré de que, presentando su primer disco Shallow Grave, fue telonero de Bon Iver (otro de mi lista). Amor profundo, de los que te permiten perdonar esas camisetas de tirantes.
“Sometimes noise is just your mind”
Inspirado por las más grandes leyendas del folk anglosajón y con un pleno dominio del inglés, ha conseguido escapar de la sombra de Dylan, que le acecha y antecede en sus actuaciones, enmascarando las comparaciones con su auténtico talento, dejando que sea su música la que hable por él.
Una voz muy personal, el finger-picking con la guitarra y unas letras poéticas son la premisa de los tres discos que ha publicado en apenas cuatro años (Shallow Grave, The Wild Hunt y There’s no leaving now) y del EP que vio la luz en 2010 compuesto por cinco canciones (Sometimes the blues is a passing bird). Si bien es cierto que en There’s no leaving now introduce algo más de instrumentación para acompañar sus canciones, para nada pierde la esencia de los discos anteriores. Podríamos calificarlo como de música en estado puro, sin ningún artificio.
“To see through a fearless eye
And know that danger finally goes away
Still you’re trying
But there’s no leaving now.”
Tocó el pasado otoño en Madrid, Barcelona y San Sebastián y me fue imposible asistir a ninguno de sus conciertos. Me he enterado de que vuelve en noviembre a Barcelona con motivo del Voll-Damm Festival Internacional de Jazz. Y esta vez, cualquiera que sea el impedimento que se presente, lo sortearé removiendo cielo y tierra, porque no pienso perdérmelo.
“Why are you stamping my illusion?
Just cause I stole some eagle’s wings
Because you named me as your lover
Well, I thought I could be anything.”
Calíope.
Hay que caerse, según dicen, para aprender a levantarse, para coger impulso. Y tú también me lo recuerdas, pero tus palabras ejercen más presión que ninguna. Porque sé que mi llanto, también es tu llanto. Para poder alzarme de ahí, de donde había caído sin aparentes razones, te tomo de referencia. Porque tienes todas esas cualidades que en mí parece que flaquean.
Porque tú sí eres valiente. Más valiente que cualquiera. Más valiente de lo que yo pueda imaginarme ser algún día.
Que eres mi incondicional, es un secreto a voces. Eres la madre incondicional, has sido la hija incondicional de esos padres que te necesitaron y sigues siendo la mujer incondicional.
Tienes una paciencia que no conoce límites. Me resulta complicadísimo comprender cómo cuando ni yo misma me aguanto, tú lo sigues haciendo.
Eres la base, cimiento, soporte principal de todos nosotros.
Tienes la sonrisa más bonita del mundo. Llena de bondad, de dulzura y con una increíble capacidad de transmitir paz. Esa calma que yo, más que nadie, reclamo constantemente.
Eres una luchadora incansable, que además de haber luchado por sí misma tanto tiempo, todavía tienes fuerzas para seguir luchando por nosotros.
Son principalmente estos atributos los que yo, en esta etapa, quiero tomar como ejemplo. Estoy convencida de que probablemente no tan maravillosa como tú, pueda un día lograr hacer de mí alguien especial, pero sobre todo alguien auténtico. Por esa admirable educación que me has dado. Por esos valores que espero que siempre sean el motor de cada una de las cosas que haga. Por esa disciplina nunca autoritaria y llena de amor. Por esa libertad para poder ser siempre yo misma.
Te ruego que me sigas acompañando siempre; a pesar de mi impulsivo carácter, de mi voz taladradora, a pesar de que te reprenda si no te has maquillado, o de que te vigile para que no pruebes el chocolate. A pesar de mis rabietas infantiles, o de mi abrumadora capacidad de imaginación. A pesar de que un día amanezca con rostro perruno y al siguiente me desgañite al son de una jota navarra. Acompáñame siempre porque te necesito a mi lado. Te necesito como esa amiga siempre fiel, siempre afable, siempre comprensiva y muy divertida. Y te necesito como madre, por esos ojos grandes color miel que miran por las dos cuando yo no veo nada. Por esa mano siempre tendida. Acompáñame porque solamente a tu lado puedo seguir aprendiendo de ti cada día cosas nuevas. Acompáñame en este nuevo viaje, porque tú me recuerdas cada día que no debo rendirme. Porque esta travesía, como las demás, es menos ardua si tú vienes conmigo. Gracias, gracias, gracias.
Te quiere, tu hija
Érato
Iniciamos nuestra andadura por la “blogosfera” hace exactamente un año (aquí el primer texto de Érato, aquí el primero de Calíope) y no podemos sino asombrarnos por el camino recorrido. Aunque no deja de ser un mero pasatiempo, un entretenimiento para evadirnos de nuestra anodina rutina, queríamos con motivo de este aniversario expresar nuestro agradecimiento a todos aquellos que nos seguís, leéis, recomendáis y comentáis.
Muchísimas gracias a todos, ver que lo que escribimos tiene buena acogida nos llena de felicidad y nos hace pasar momentos inmejorables.
Calíope y Érato.
Tengo la firme teoría de que una persona domina un idioma en el momento en el que lo puede emplear de manera pedante. Yo, a mis imberbes dieciocho años y después de quince de práctica, tenía la habilidad de construir unas frases largas y pretenciosas en francés con poco o ningún esfuerzo. Habilidad que, hoy por hoy, ha desaparecido. No en vano, confío en que con un pequeño empujón pueda en poco tiempo recuperar la destreza perdida y por ello mi principal propósito para este verano que ya despunta es retomar el francés. Como ando escasa de tiempo y apuntarme a un curso me apetece lo mismo que lanzarme de una avioneta sin paracaídas, he decidido hacer lo siguiente:
A partir de ahora sólo escucharé a Charles Aznavour, Yves Montand y Edith Piaf. En bucle. Sin descanso.
Cuando me apetezca algo más contemporáneo, a Mélanie Laurent, Zaz o Keren Ann.
Incluiré expresiones francesas en mi vocabulario, haciendo que más de uno me tome por loca (o directamente imbécil), como “je ne vois pas la raison”, “je m’en fous” o “je ne regrette rien”. Todo lo solucionaré con un “ce n’est pas grave”.
Leeré a Flaubert, recitaré poemas de Rimbaud, Baudelaire y Pierre de Ronsard.
À HÉLÈNE.
Quand vous serez bien vieille, au soir à la chandelle,
Assise auprès du feu, dévidant et filanta,
Direz chantant mes vers, en vous émerveillant :
« Ronsard me célébrait du temps que j’étais belle. »
5 Lors vous n’aurez servante oyant telle nouvelle,
Déjà sous le labeur à demi sommeillant,
Qui au bruit de Ronsard ne s’aille réveillant,
Bénissant votre nom de louange immortelle.
Je serai sous la terre, et fantôme sans os
10 Par les ombres myrteuxa je prendrai mon repos ;
Vous serez au foyer une vieille accroupie,
Regrettant mon amour et votre fier dédain.
Vivez, si m’en croyez, n’attendez à demainb :
Cueilllez dès aujourd’hui les roses de la viec.
Pierre de Ronsard. Sonnets pour Hélène, XLII.
También he considerado importante adaptar mi estilo y mi modo de vida a las costumbres francesas. Aunque pueda parecer una medida absurda en lo que respecta a mejorar mi fluidez y mi vocabulario, no tengo duda de que será preciso, pues soy de ese tipo de personas que aprenden mejor a bailar sevillanas yendo con el equipamiento completo: traje, zapatos, mantón, abanico y flor en el pelo.
De tal manera, voy a empezar a copiar el tan envidiado charme français, que básicamente consiste en looks discretos, aparentemente descuidados y muy femeninos. Como modelos a seguir, Clémence Poésy y Nine d’Urso.
Comeré queso a todas horas.
Veré la interminable lista de películas de habla francesa que tengo pendientes, entre ellas Cafe de Flore y Amour.
Engañaré a alguien para que con motivo de mi próximo –muy próximo, ejem- cumpleaños me haga este regalo: Lettres d’un inconnu. El propósito de este regalo es lograr recuperar el arte perdido de la correspondencia, volver a conectar con el placer de recibir una carta por correo. La persona cuya dirección se detalle -ejem-, recibirá dos cartas manuscritas al mes (en francés, claro está) de aspecto cuidado en la que encontrará la historia de un desconocido. Un regalo que a efectos prácticos sirve de poco, pero que se compensa con la ilusión de recibir correo inesperadamente y la lectura del mismo: historias de desconocidos que logren que nos evadamos de nuestro día a día, que nos hagan reflexionar, que nos sorprendan.
Compararé a todos los hombres con Guillaume Canet.
Calíope.
Aunque me dé vergüenza admitirlo, mis conocimientos filosóficos son de lo más limitados. Se remontan a aquellas maravillosas clases del bachillerato (quienes compartieron conmigo profesora sabrán de lo que hablo) y a algún que otro libro o artículo leído esporádicamente con posterioridad. Lo básico, vamos. Recuerdo a Aristóteles como un tipo sensato, por aquello de que la virtud se encuentra en el término medio. Es algo a lo que no paro de dar vueltas, al término medio. Como modo de vida me parece de lo más razonable, pero al intentar aplicarlo a cuestiones más prosaicas (o completamente frívolas, más bien) tengo serios problemas. He encontrado mi vía de escape en la frase –atribuida a Oscar Wilde- que dice así: “todo con moderación, incluyendo la moderación.”
Veo abierta una brecha que me sirve de excusa perfecta para eludir lo anodino de la moderación y la mesura en lo que a hábitos intrascendentes se refiere. Me explico.
Me gustan los libros de más de 500 páginas y los poemas de menos de 10 versos. Los platos muy picantes, las esculturas muy altas y los pintalabios muy oscuros. En lo que a moda se refiere, desafío al término medio sin ningún remordimiento. Soy de bolsos enormes o diminutos y mis faldas oscilan entre la desaprobación de mi padre (por cortas) y el hartazgo de mi madre y la lavadora (por largas). Este todo o nada queda especialmente patente en mi gusto por la joyería, donde paso sin vacilar de lo más barroco a lo más minimalista. Vean las dos últimas firmas con las que me he encaprichado y juzguen ustedes mismos.
-Por exceso: SHOUROUK.
Shourouk Rhaiem, parisina de ascendencia tunecina, tras haber trabajado para Chloé, Galliano o Roberto Cavalli creó su propia firma de joyería, que define como de “alta costura”. Inspirada en sus viajes, combina en sus creaciones referencias a Bollywood, los 80 o la opulencia de la aristocracia rusa. Sus diseños se componen principalmente de cristales de Swarosvski, que combina con piezas de PVC, cuerda, o piezas de colores fluorescentes. Sueño con el momento en que uno de ellos caiga en mis manos.
-Por defecto: ODETTE NEW YORK.
Completamente opuesta a la exuberancia de Shourouk, esta línea de joyería, con sede en Brooklyn (donde se diseña y produce artesanalmente toda la colección) se inspira en formas orgánicas e industriales y especímenes naturales.
Calíope.
































































